Cómo un "desliz" acabó con el Muro
Algunos de los protagonistas relatan cómo el error de un dirigente de Alemania Oriental desencadenó los acontecimientos.
"El 9 de Noviembre de 1989 es una fecha que ha quedado grabada en la historia. Ese día se anunció oficialmente, en conferencia de prensa, que a partir de la medianoche los alemanes del este podrían cruzar cualquiera de las fronteras de Alemania Democrática (RDA), incluido el Muro de Berlín, sin necesidad de contar con permisos especiales. De inmediato se corrió la voz en ambas partes de la ciudad dividida y mucho antes de la medianoche miles de expectantes berlineses se habían congregado a ambos lados del muro. En el momento esperado, los berlineses del Este, a pie o en automóvil, comenzaron a pasar sin mayor dificultad por el puesto de control. Abundaron las escenas llenas de emoción: abrazos de familiares y amigos que habían estado separados por mucho tiempo, crisis de llanto, rostros que reflejaban incredulidad, brindis con Champaña o cerveza, regalos de bienvenida a los visitantes, flores en los parabrisas de los autos que cruzaban la frontera y en los rifles de los soldados que custodiaban los puestos de vigilancia. A esta primera reacción seguirían otras de carácter político y económico.
Hans Modrow era un reformista comunista en la línea de Mijail Gorbachov. Había accedido al Politburó de Alemania Oriental cuando los líderes del país se vieron en la obligación de hacer frente a las demandas de cambio que se estaban propagando por todo el territorio. Pero como recién llegado, sus opiniones contaban poco.
Hans recuerda una agitada discusión sobre las restricciones de viaje, las leyes que prohibían a la mayoría de alemanes orientales cruzar la frontera y que habían causado un amplio descontento popular. Al final del debate, el líder del partido, Egon Krenz, emitió de forma repentina una serie de nuevas normas. A partir de aquel momento, los viajes serían mucho más fáciles para la población del Este. Lo que continuaba preocupando a Modrow era la forma autoritaria en la que el Partido Comunista seguía manejando el país. "No pudimos cambiar nada. Nos sentíamos como niños estúpidos. Sólo podíamos hacer lo que nos ordenaban", apunta.
Un desliz
Pero en ese instante ocurrió un "error" que se llevaría por delante al Muro de Berlín y, con él, al Estado de Alemania del Este.La intención era anunciar las nuevas medidas durante la noche y ponerlas en práctica a la mañana siguiente.Sin embargo, uno de los miembros del Politburó, Günter Schabowski, "soltó" todos los detalles del plan durante una rueda de prensa televisada y cometió el error de asegurar que el plan había entrado en vigencia de manera "inmediata". Una conferencia de prensa en directo era una novedad en aquella época para los comunistas, y Schabowski se estaba convirtiendo en alguien famoso por sus declaraciones. Modrow todavía ironiza por la curiosa relación que Schabowski mantenía con los medios de comunicación."La orden no debía haberse difundido hasta las cuatro de la madrugada. Pero Schabowski no se dio cuenta. Participó en una rueda de prensa internacional y era tan arrogante y seguro de sí mismo que no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo", agrega Modrow.
Reacción masiva
El anuncio de Schabowski era complicado y burocrático y, como muchos otros aquella tarde, me sorprendió que mencionara la posibilidad de viajar libremente. Si eso era verdad, significaba el fin del Muro de Berlín porque toda la estructura de torres de vigilancia, alambres de púa y perros policía dejaban de tener sentido. Los berlineses orientales no tardaron en reaccionar. Decenas de miles comenzaron a presentarse en la frontera exigiendo que los dejaran pasar. Pero los guardias no sabían nada, esperaban órdenes para detener a los que trataran de cruzar. Hasta hacía muy poco, tenían instrucciones de disparar a todo aquel que lo intentara.Aquella noche procuraron que la multitud desistiera, pero después de más de una generación de restricciones, los berlineses se habían vuelto beligerantes y se negaron a marcharse.
La confrontación entre los guardias armados y lo alemanes orientales allí reunidos se volvió tensa y peligrosa. Los agentes pidieron órdenes a sus superiores, pero los ministros a cargo de la seguridad no dieron respuesta alguna. Modrow y los demás miembros del Politburó habían vuelto a casa sin percatarse de lo que estaba ocurriendo.
Abrieron las fronteras
A medida que la radio y la televisión informaban más sobre estos acontecimientos, más y más personas salieron a las calles y, según Modrow, fueron los mismos guardias fronterizos los que decidieron qué debía hacerse. "A estas alturas, sabemos que debemos darles las gracias a los guardias, no a ningún miembro del Politburó. Fueron ellos, los guardias en el terreno, quienes tomaron una decisión clave. Ignoraban cuáles eran las órdenes y dijeron 'abrid la frontera'", indica Modrow.
El mundo cambió
En el Kremlin, el hombre con más responsabilidades sobre el cambio dormía. El líder soviético hacía días que había sido advertido sobre lo que pensaban hacer los alemanes orientales. Ahora, Gorbachov se ríe al recordar la urgencia con la que le dijeron lo que estaba ocurriendo. "Me avisaron por la mañana, muy temprano. Comprendimos que había llegado el momento de resolver el problema alemán", asegura. En Berlín, los ciudadanos abrían botellas de vino espumoso en una fiesta callejera que duraría días. Muchos, todavía no eran conscientes de lo que estaba pasando realmente. En sólo unas horas habían cambiado los límites del mundo político y no había vuelta atrás.
* Y nunca es mejor cuando la historia es contada si tambien fue vivida, aquí les dejo una foto de mi visita a tan historico lugar. Muchas Gracias